¿Ir de putas con mi pareja? Ahora es posible

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Tal y como afirma el título de este texto, es posible. Irse de putas con tu novia o mujer es algo que se puede hacer. Evidentemente, no todas las mujeres dirán “un trío con una puta… bueno, hoy no tengo nada mejor que hacer”, pero es algo que merece la pena intentar.

Hacerse un trío es como ganar la Champions de la fanfarronería con los colegas. A partir de ese momento, si eres el único del grupo que ha conseguido el logro, siempre podrás ganar cualquier discusión argumentando historia del club: él único que ha ganado el trofeo del sexo. Y el pichichi también. Que no se diga.

Pero conseguir hacerte un trío cuando ya tienes pareja puede resultar bastante complicado, ya que o bien ella no se siente a gusto haciéndolo con gente conocida, o bien no encontráis otra persona con la que lo podáis hacer. Por eso, vamos a ver algunos consejos sobre cómo convencerla cuando te sientes en la mesa a hablar con ella (procura que no tenga algo afilado en la mano… por si acaso).

El morbo de lo desconocido

Esto es algo que se ha introducido desde hace siglos en el imaginario colectivo: ver la intimidad de una pareja expuesta a una figura desconocida y anónima que durante un pequeño periodo de tiempo comparte una experiencia íntima, sensual y excitante con los dos. Imagínatelo (como si no lo hubieses hecho ya). Es algo nuevo, una forma de revitalizar la pasión sexual y de despertar los instintos más básicos de la sexualidad y la atracción hacia tu pareja. Todo ello a través de una prostituta que os haga sentir a los dos como unos adolescentes de nuevo; descubriendo lo que el sexo puede aportar y lo memorable que es hacerlo como es debido.

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Es la mezcla entre lo cotidiano y lo diferente; una forma de ver tu pareja, la que conoces desde hace tiempo, en una situación novedosa y estimulante.

¿Por qué es preferible una puta a otra persona?

Puede que en principio te resulte más fácil preguntarle a tu mujer si quiere hacer un trío con una amiga o una conocida de ambos, pero no estás teniendo en cuenta lo que pasará después del polvo. Suele ocurrir que, después de una experiencia como esta, las relaciones se vean envueltas en un círculo de preguntas incómodas que no dejarán de sobrevolaros la cabeza: tu mujer se preguntará “¿Por qué se lo ha pedido precisamente a ella? ¿Querrá algo más con esta chica? ¿Le gustará más?”; tú te preguntarás “¿Serán las cosas como antes con las dos?, ¿Volveré a ser amigo de esta chica?”. Etcétera.

Las putas son perfectas porque son un servicio. Pagas por sexo y ellas lo saben. Son personas, sí, pero enmarcadas en un trabajo, por lo que resulta mucho más natural y menos incómodo para tu pareja compartirte con ella. Es como cuando ella llama a un electricista. No lo llama porque tú no seas capaz, sino porque él es un profesional.

Ante todo, las putas son eso: profesionales. Ya habrán tenido varias experiencias en tríos, no mezclarán sentimientos ni rarezas personales, no se meterán en la vida privada, saben lo que se hacen en la cama y no se echarán atrás. A qué estás esperando. El no, como se suele decir, ya lo tienes.