El orgullo de ser puta: una nueva generación que rompe estigmas

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Ser puta, escort, acompañante sexual o prostituta no es una decisión que se toma de la noche a la mañana. Como todos los saltos importantes que damos a lo largo de nuestra vida, se requiere voluntad, personalidad y decisión para poder lidiar con las contrapartidas que en más de una ocasión consiguen abrumarnos.

Sin embargo, a pesar de lo que muchos puedan pensar, las consecuencias más nefastas para la vida de la prostituta no son las derivadas de su propio trabajo, sino las que van asociadas al estigma que la propia sociedad se encarga de poner. Es importante hacer un inciso en este momento para explicar que no estamos refiriéndonos a ningún tipo de prostitución que se haga desde el prisma de una organización criminal o de manera involuntaria. Estamos hablando de la prostitución que reivindican las propias mujeres que lo ejercen.

Si debería ser legal o no, es un asunto de discusión que todavía es capaz de levantar polémica y que ya hemos tratado con más detenimiento en otros artículos. En eta ocasión vamos a reparar en el propio estigma y la imagen que inconscientemente asociamos a una prostituta. Y lo vamos a hacer desde el punto de vista de una de las protagonistas: Natalia Ferrari.

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Natalia, una prostituta de 24 años, ha publicado en Proyecto Kahlo un texto en el que explica su forma de pensar respecto a la prostitución y cómo lo vive en primera persona. Entre otras reflexiones, el mensaje que transmite su obra es bien claro: es prostituta y está orgullosa de serlo. Una frase que resuena cada vez con más fuerza en el mundo del trabajo sexual y que representa no solo a un colectivo, sino a toda una nueva generación.

Estamos hablando de una ruptura con el estigma, con el tópico y con los estereotipos que hasta ahora han sufrido putas y escorts en todo el mundo. Como introduce la propia Natalia, “cuando reúno en mi cabeza a todas las putas que conozco encuentro en común dos cosas: fuerza e inconformismo”.

Las prostitutas son mujeres fuertes que no se quedan paralizadas cuando la vida no les regala nada. Unas mujeres que han sido capaces no solo de educar al gremio en el que trabajan para que se cumplan requisitos de sanidad y ética profesional, sino que también han conseguido educar a los clientes para tener con ellos las relaciones que quieren. En definitiva, mujeres que dijeron que no, buscaron una alternativa y ahora se han apoderado de sus cuerpos para hacer lo que les plazca.

En los medios de comunicación y en las charlas de bar seguiremos escuchando los tópicos de siempre, en los que la puta está en posición fecal llorando por una infancia perdida y los clientes son todos violadores. Cuando se les explica que hay otra realidad en sexo de pago, estas personas defienden que eso que estamos diciendo no es prostitución, es algo diferente. Un identificativo de lo metido que tienen en la cabeza las imágenes predefinidas.

Pero Natalia lleva toda su vida siendo prostituta y luchando por sus derechos junto a otros grupos como Hetaira, Aprosex o Genera Derechos, que llevan peleando por los intereses de las trabajadoras sexuales décadas.

El problema, como ya hemos dicho, es social. Las personas que afirman lo anterior todavía piensan que “la mujer es débil, el hombre es malo, el dinero es un sistema que nos empuja a sacrificar nuestra alma y las vaginas son sagradas.” Es un mundo que puede funcionar de varias maneras y que las nuevas generaciones de trabajadoras sexuales se están encargando de redefinir.

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De modo que la próxima vez que veamos un anuncio en una web como Sexappeal bajo la etiqueta de “puta culona” o “puta tetuda”, debemos recordar que en el fondo solo se trata de un modelo de negocio en el que el respeto por ambas partes debe estar siempre asegurado, y que la prostituta que está a punto de darnos la experiencia sexual de nuestra vida es una mujer empoderada y fuerte que sabe lo que hace y por qué lo hace.

Sentir lástima, tristeza o pena por estas mujeres está fuera de lugar. Es así precisamente como se conseguirá asegurar los derechos y libertades tanto de las putas, escorts, acompañantes sexuales y prostitutas como de los mismos clientes, porque, tal y como afirma Natalia: “Si seguimos gritando al mundo que el único modelo posible es uno que retrata a la mujer como un sujeto débil, seguiremos implantando miedo y reforzando comportamientos destructivos”.

Fuente: www.proyecto-kahlo.com/las-mujeres-que-si-quieren-ser-putas/